Nace el 22 de abril de 1943 en Nueva York, Estado Unidos y crece en Long Island. En 1993, gana el Premio Pulitzer de poesía por el poemario “El Iris Salvaje”.

Recibe varias becas Guggenheim y premios de la Academia Americana de Poetas por Firstborn (El Primogénito) y el National Book Critics Circle Award por Triumph of Achilles. Es la duodécima poeta laureada por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Es autora de once libros de poesía, entre los que se incluyen “Averno”, “The seven ages”, “Vita Nova”, “Ararat”.

También ha publicado una colección de ensayos “Proofs and Theories: Essays on Poetry que recibió del PEN Club Internacional el premio Martha Albrand de literatura de no ficción.

En este momento vive en Cambridge, Massachusetts y desarrolla actividades de docencia en el Departamento de Lengua Inglesa del William College, además en la Universidad de Yale y como invitada en la Universidad Industrial de Santander.

Se convierte en el año 2020 en la decimosexta mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura por “su característica voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”.

Primer Recuerdo

Hace mucho me hirieron.

Viví para vengarme,

de mi padre no

por lo que fue

sino por lo que era yo;

desde el principio de los tiempos,

en la infancia, pensé

que el dolor significaba

que no era amada,

significaba que yo amaba.

El espejo

Mirándote en el espejo me pregunto

que será ser tan bello

y por qué no te amas

sino te cortas, afeitándote

como un ciego. Creo que me dejas mirar

para poder ir contra ti mismo

con más violencia

necesitas mostrarme cómo te arrancas la carne

con desprecio y sin vacilación

hasta verte en la forma correcta,

no como un hombre que sangra, no

como el reflejo que deseo.

El vestido

Se me secó el alma.

Como un alma arrojada al fuego,

pero no del todo,

no hasta la aniquilación. Sedienta,

siguió adelante. Crispada,

no por la soledad sino por la desconfianza,

el resultado de la violencia.

El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,

a quedar expuesto un momento,

temblando, como antes

de tu entrega a lo divino;

el espíritu fue seducido debido a su soledad,

por la promesa de la gracia.

¿Cómo vas a volver a confiar

en el amor de otro ser?

Mi alma se marchitó y se encogió.

El cuerpo se convirtió en un vestido demacrado

grande

para ella.

Y cuando recuperé la esperanza,

era una esperanza completamente distinta.