La revuelta y solamente
la revuelta es creadora
de la luz y esta luz no
puede tomar sino tres
caminos: la poesía, la libertad o el amor.
André Breton

Según André Breton, en su Conferencia ¿Qué es el Surrealismo?, pronunciada en Bruselas el 1° de junio de 1934, en convocatoria pública organizada por los surrealistas belgas e inmediatamente publicada en folleto, nos dice que el mismo puede definirse como: un automatismo psíquico puro que por medio del cual se intenta expresar, verbalmente, ya sea por escrito o por cualquier otro medio, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral consciente.

        El surrealismo se basa en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, en la omnipotencia de los sueños y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida. Han hecho profesión de fe de surrealismo los señores Aragón, Baron, Boiffard, Breton, Carrive, Crevel, Delteil, Desnos, Éluard, Gérard, Limbour, Morise, Naville, Noll, Péret, Picon, Soupault, Vitrac.

        Conviene recordar, para aquellos que lo desconozcan, que quienes promovieron o se sumaron al movimiento surrealista propiamente dicho ya venían armados de sus respectivas voluntades muy activas, pero también muy distintas y dispares que ya, entre 1915 y 1920, se habían coordinado muy superficialmente bajo la denominación Dada. El ánimo claramente anarquista que presidió las distintas manifestaciones de ese ciclo, provocó la pronta disolución de un grupo, cuya efervescencia no por ello dejó de ser decisiva y de influir en el devenir de las ideas. Sus principales responsables fueron Marcel Duchamp, Francis Picabia, Jacques Vaché y Tristan Tzara. 

        En otro de los párrafos agrega André Breton, …so pretexto de civilización, amagando progreso, hemos desterrado de la mente todo cuanto, lo sea o no, se considera superstición, quimera; hemos proscrito toda búsqueda de la verdad que no se ajuste a los métodos, al uso. Fruto, aparentemente de la casualidad, se ha revelado recientemente un aspecto de la vida intelectual- a mi juicio, de lejos, el más importante- que se pretendía dejar inadvertido. Se lo debemos a los descubrimientos de Freud. Quizá la imaginación esté a punto de rescatar sus derechos. Nos encontramos así frente a una afirmación nueva, avalada por pruebas formales, de la omnipotencia del deseo que, desde sus comienzos, constituye el único acto de fe del surrealismo. Nacido de un descubrimiento casual que parecía tener relevancia sólo para el lenguaje poético, el surrealismo, recorriendo su camino, se ha extendido tumultuosamente no ya sólo por el arte sino en la vida, provocando nuevos estados de conciencia, derribando muros tras los que desde tiempo inmemorial se suponía no se podía ver; modificando la sensibilidad, cosa que se reconoce cada vez más; dando un paso decisivo hacia la unificación de la personalidad, de esa personalidad que amenazaba con disociarse cada vez, más profundamente. Es básicamente sobre el objeto sobre lo que el surrealismo ha fijado su mirada, siempre más lúcida, en los últimos años. Me refiero al minucioso examen de las numerosas especulaciones de las que el objeto viene siendo públicamente motivo- el objeto onírico, el objeto de uso simbólico, el objeto real y virtual, el objeto en movimiento y silencioso, el objeto fantasma, el objeto perdido, etc. Este examen da cuenta del alcance del afán que anima al surrealismo por ejemplo al querer situar a “la rosa” en una dinámica fecunda de contradicciones de más alcance, en la que la rosa fuese sucesivamente aquella rosa que proviene del jardín, la que cumple una función singular en un sueño, la que puede cambiar totalmente sus propiedades al pasar a la escritura automática, aquella que tan sólo conserva de la rosa cuanto el pintor ha querido que se conserve en un cuadro surrealista,  y por fin aquella rosa totalmente distinta a sí misma, que regresa al jardín.

Textos extraídos de la lectura del libro de Breton, André: ¿Qué es el Surrealismo? Ed. Casimiro. Madrid. 2023.

Mirta Salafia