El libro para descubrir, en parte, a la escritora Elena Ferrante e ir teniendo algún acercamiento a la complejidad de sus personajes, a su capacidad para decidir entre la cantidad de lo que escribe y desecha, cómo construye a sus mujeres enhebradas en profundas pasiones y rebeldías, a qué remiten los escenarios elegidos, entre otros tantos temas, es sin duda: “La Frantumaglia. Un viaje por la escritura”.

La Frantumaglia, según la autora es una palabra en dialecto que le dejó su madre y que usaba para decir cómo se sentía cuando era arrastrada en direcciones opuestas por impresiones contradictorias que la herían. Decía que tenía dentro una frantumaglia que la deprimía. A veces le provocaba mareos, le producía un sabor a hierro en la boca. Era la palabra para un malestar que no podía definirse de otro modo, que se refería a una multitud de cosas heterogéneas en la cabeza, detritos en el agua limosa del cerebro. La frantumaglia era misteriosa, era el origen de todos los sufrimientos no atribuibles a una única razón evidente.

Hace años, cuando leí el libro, me detuve en algunos de los detalles de la realidad que pueden o no tomar cuerpo en sus historias: la costura, los vestidos y sus telas, los cuerpos femeninos, las ciudades, el dolor, el amor que molesta, las mujeres y su relación con las otras mujeres, el sexo, el suicidio, la desaparición.

Aquí les presento, un tema que Elena Ferrante aborda en distintos momentos de su obra: la mentira. La mentira en las relaciones familiares construye el secreto familiar que se entrama en la ocultación de una parte de la realidad del pasado que, aún, incide en el presente. Ese secreto familiar tiene que ver con lo femenino y, en particular con el destino de las mujeres de esa familia. En su última obra, Elena Ferrante, al secreto familiar le agrega el desafío cultural que opera en la subjetividad femenina en relación con la portación de belleza. Una niña, necesita ser confirmada como bella, ante todo por sus padres. Sobre esa construcción se define gran parte de su destino. ¿Qué ocurre con Berthe en Madame Bovary y con Giovanna en La vida mentirosa de los adultos? ¿Qué nos ocurre con este estereotipo cultural que aún nos discrimina y nos daña como sujetos? ¿Qué enmascara una niña “fea” en la vida de una familia? ¿Dónde está aquello que no se puede decir?

Elena Ferrante toma posición. Que disfruten de su lectura.

“Madame Bovary golpeaba con puñetazos fulminantes. Toda mi vida desde entonces me quedó la duda de que mi madre, al menos una vez y con las mismas palabras que Emma- las mismas palabras horribles-, pensara al mirarme, como hace Emma con Berthe: C´est une chose étrange comme cette enfant est laide! (“¡Qué cosa más rara, hay que ver lo fea que es esta niña”). Laide: parecerle fea a su propia madre. Rara vez me ha ocurrido leer-oír una frase mejor pensada, mejor escrita, más insoportable. La frase llegó de Francia, me cayó encima y me golpeó en el pecho, me sigue golpeando, peor que el empujón con el que Emma envió- envía- a la pequeña Berthe contra la cómoda, contra la moldura de cobre.

Es mi madre la que pensó, pero en su lengua: hay que ver lo fea que es esta niña. Yo creo que lo pensó de veras porque Emma lo piensa de Berthe. Por eso, con los años, trato de sacar del francés esa frase y depositarla en alguna parte en algunas de mis páginas, escribirla yo para sentir su peso, transportarla a la lengua de mi madre, atribuírsela, oírla de sus labios y comprender si es una frase femenina, si una mujer puede pronunciarla de verdad, si yo la he pensado alguna vez para mis hijas, en una palabra, si hay que rechazarla o borrarla o bien acogerla y revalorarla, sustraerla de la página en francés masculino y trasladarla a la lengua de mujer-hija-madre” (1)

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“Dos años antes de irse de casa, mi padre le dijo a mi madre que yo era muy fea. La frase fue pronunciada en voz baja, en el apartamento que mis padres compraron en cuanto se casaron, en el Rione Alto, en la parte de arriba de San Giacomo dei Capri. Todo se detuvo: los espacios de Nápoles, la luz azul de un febrero gélido, aquellas palabras. Yo, en cambio, quedé a la deriva y sigo ahora a la deriva dentro de estas líneas que quieren darme una historia, y sin embargo no son nada, nada mío, nada que haya empezado de veras o ha llegado a puerto; solo una maraña que nadie, ni siquiera quien escribe en estos momentos, sabe si contiene hilo preciso de un relato o es simplemente un dolor enredado, sin redención”. (2)

(1) Ferrante, Elena: “La Frantumaglia. Un viaje por la escritura”. Ed. Lumen. Barcelona. 2017.

(2) Ferrante Elena: “La Vida mentirosa de los Adultos”. Ed. Lumen. Barcelona. 2020