Los libros, las bibliotecas, los museos, los teatros, los cines, las películas, los laboratorios, las plataformas de internet, la naturaleza, son algunas de las muchas aulas donde se aprende y se enseña. Son las aulas extendidas de las reales, las que todos conocemos en la escuela o en la universidad y estas aulas extendidas nos asisten en todo momento de nuestras vidas. Es necesario que nos entrenen en su uso, seamos docentes, alumnos o simplemente usuarios. Es así, que siempre estimulo a conocer y apropiarse de estos espacios didácticos y maravillosos, tanto como de visitarlos y disfrutarlos con frecuencia.

Un martes por la mañana, estoy en el Museo Nacional de Bellas Artes, esperando, en el hall central, el inicio de una visita guiada, a las 12 del mediodía, junto a otro señor, turista y de origen brasilero. Sentada en uno de los bancos, luego de sacar unas fotos a una de las obras expuestas de Michelángelo Pistoletto, veo ingresar a un grupo importante de alumnos acompañados por cuatro docentes, todos pertenecientes a una escuela pública. En fila y ordenados, esperan. Imagino que van a recorrer las recientes salas inauguradas de arte prehispánico y colonial. La gran sorpresa para mí es que terminamos compartiendo la visita guiada de una muestra compleja como la de Ninfas, Serpientes y Constelaciones, la teoría artística de Aby Warburg. La guía se presenta. Está impresionada y conmovida. Su actitud es de temor y hasta de molestia, anticipando la dificultad de tener que explicar sobre un tema difícil, a una audiencia tan inesperada.

Recorro toda la visita disfrutando de la curaduría de José Emilio Burrucúa, de la formación y la capacidad de la guía que de a poco deja su actitud defensiva hacia los niños para convertirse en una excelente comunicadora. De todos modos, siento que mi disfrute se centra, cada vez más, en la posibilidad única de estar compartiendo, esta visita, con estos niños. Miro sus caras, observo sus gestos, escucho con atención sus respuestas y sobre todo sus preguntas, muchas de ellas enunciadas en baja voz. Camino de sala en sala como parte de la escuela. Experimento la pertenencia y el orgullo de ser parte. Me pregunto acerca de estas excepcionales docentes que están aquí, en esta aula extendida del Museo Nacional de Bellas Artes. Qué proyecto tienen, cuáles son las secuencias y las estrategias de enseñanza, qué imaginan para sus alumnos con el ojo y la ternura puestas hacia adelante. Entre las constelaciones, el espacio y la memoria voy sintiendo mi propio pathosformeln, concepto que entre otras cuestiones da cuenta de formas de expresar el movimiento y las pasiones a través del tiempo. Ella soy yo, un continuo retorno a la escuela.

Termina la vista entre aplausos a la guía y a todos nosotros por la experiencia vivida. En realidad, aplaudo, especialmente, a estos docentes y a estos alumnos Emocionada me acerco a una de las niñas para preguntarle a qué escuela pertenecen. Me responde con una sonrisa que ellos son alumnos por egresar de la Escuela N° 78 de Bernal. En ese instante, se va acercando entre brazos y abrazos, una de las docentes y me pregunta si yo soy quién soy. Si, somos las mismas mujeres – docentes que hace años no nos vemos, sin embargo, desde lugares iguales y diferentes seguimos trabajando para lo mismo: más saber, más belleza y más libertad para nosotras y, sin duda para los alumnos de nuestras escuelas, usinas infinitas de reproducir y transformar la cultura.

Mirta Salafia

Docentes y alumnos de la escuela Nº 78 de Bernal – Provincia de Buenos Aries – MNBA – Julio 2019

Agradecimiento a:
Bibliotecaria: Elizabeth Cardoso
MG: Anahí Duarte
Prof: María Lorena Imbrenda Hoffmann
MG: Marcela Tavell