Liliana Porter, artista plástica argentina radicada en Nueva York, expone una retrospectiva de su trabajo, iniciada en los años 60, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). La exposición, curada por Agustín Pérez Rubio, reúne una variada e importante selección que la artista produjo entre los años 1968 y 2025, una travesía, un largo viaje que fractura la temporalidad con la intención de interpelar en un diálogo personal con los diferentes temas que han sido fundamento de la obra de la artista, entre ellos, “el papel del artista en la sociedad; la memoria; la literatura; el viaje; lo absurdo de la violencia; las consecuencias del cambio climático; el colapso social y la reparación como forma de cuidado”.
Para que se pueda apreciar la excelente curaduría que permite visualizar y dotar de sentido a una enorme y diversa cantidad de obras desde instalaciones, fotografías, videos, obras realizadas en papel con y sin marco, en óleo, acrílico, aguafuerte, aguatinta, crayón, cibacromo, grafito, lana, barnices y utilizando diversas técnicas: serigrafía, técnicas mixtas en tela, ensamblajes, collage, encáustica, impresión en gelatina de plata, fotograbado, martillo de plástico, entre otras, esta presentación hará uso de fragmentos de los textos curatoriales, los cuales serán indicados siguiendo las reglas de la convención.
Liliana Porter se estableció en Nueva York, en el año 1964 donde formó parte de la vanguardia y junto con el artista Luis Camnitzer y el venezolano Guillermo Castillo, crearon el New York Grafic Worshop (NYGW) que funcionó hasta 1970. Desde ese taller replantearon su producción a partir de claves conceptuales, experimentaron con variables expandidas de la obra impresa, reflexionaron sobre la noción de objeto múltiple y editaron estampas propias y de otros artistas, como Felipe Noé, Jorge de la Vega y Marta Minujín. Organizaron exposiciones del NYGW en México, Santiago de Chile y en el Instituto Di Tella de Buenos Aires.
Este año, por primera vez y en el Museo Nacional de Bellas Artes, con la curaduría de Silvia Dolinko, se exhibieron piezas centrales de la trayectoria de Liliana Porter y Luis Camnitzer, ambos referentes indiscutibles del arte conceptual en América Latina.
Al llegar a Nuevo York, Liliana Porter se encontró “bajo una oleada de protestas políticas y sociales, encabezadas por el movimiento de derechos civiles y el debate sobre la intervención de Estados Unidos en conflictos armados como la guerra de Vietnam, además del surgimiento del Black Power, el Gay Power y el Movimiento de Liberación de las Mujeres y consciente de su condición de artista latinoamericana desarrolló una mirada crítica respecto a lo que sucedía en América Latina, atravesada por golpes de estado y dictaduras apoyadas por Estados Unidos. Porter se comprometió por visibilizar a los artistas de América del Sur y en especial, a las mujeres. Varias de sus obras de esta época pueden ser leídas en esta clave, entre ellas, Gandhi y su instalación Sombras, ambas realizadas en el año 1969”.
Desde su inicio hasta la actualidad, Porter continúa su relación con el grabado. Sus investigaciones la llevaron a reformularlo “para atravesarlo a la pintura, la escultura, el video o la instalación, con preocupaciones recurrentes como la representación, la reproducción, la edición y sus diversas formalizaciones técnicas, la memoria, la potencialidad performativa, la teatralidad o la creación mediante una mise en scène”.
“Desde los años 70, ha estado interesada en la idea de derrame, tanto en su sentido pictórico como literal: el accidente. En sus grabados, la idea de la caída antecede a sus lienzos, donde los objetos y personajes, han sido arremolinados por supuestos tornados, batallas o inundaciones, creando un caos en la escena que hace pensar en las diversas formas de colapso en las que se encuentra la sociedad actual. A ello se une su compromiso con el trabajo artístico, pero también la reflexión sobre el propio tiempo del trabajo. En sus instalaciones sitúa a diferentes personajes de pequeña escala que realizan tareas titánicas: su labor es inconmensurable, bien por los desastres que han acontecido, bien porque las figuras quedan existencialmente atrapadas en su propia anarquía. Pero la artista también crea situaciones en las que intenta ordenar las consecuencias de tan caóticos episodios: barrer, limpiar o arreglar los destrozos. Proyecta escenas en la búsqueda de una -nueva normalidad- que nunca será igual a la anterior. Estas obras ofrecen la oportunidad de pensar la resiliencia y el cuidado, de suturar las heridas tras el enfrentamiento y de reconstruir lo extraordinario a partir de lo cotidiano, tanto de sus objetos como de sus historias”
Desde la década de 1980, la artista comienza la utilización de técnicas mixtas, entre el collage, el grabado y las pinturas, donde en esta línea histórica con la gráfica, los libros y en especial la literatura se presentan como protagonistas de sus producciones. “Las imágenes se van complejizando; sus obras no confrontan con el relato -del otro- tanto en versiones literarias -Lewis Carroll o Borges- como en representaciones del espejo como espacio psicoanalítico de la otredad. En sus trabajos aparecen referencias al viajero, al paseante, o aquel que regresa, recurrente imaginería de la artista para hablar de la experiencia del extranjero, de los afectos, de la memoria y el tiempo. A partir de los 90 esta relación con el otro la extiende a la fotografía en su serie Diálogos. A través de pequeñas figuras encontradas en los mercados de pulgas -motivos de la infancia, la publicidad, o del capital simbólico sociopolítico- propone conversaciones como metáforas de la fragilidad de la contradicción humana. Temporalidades, espacios, estéticas o agendas políticas dispares conversan para mostrar que este encuentro puede existir, siempre cargado de una compleja ironía y humor”.
La Muestra presenta un recorrido cronológico con una destacada puesta estética y dando muestra que su curador, no sólo comprende la posición del artista y su arte, sino que ofrece todas las oportunidades para que el espectador pueda comprender más allá de lo que su sensibilidad y saberes puedan ofrecerle. Los textos curatoriales son precisos y transmiten toda la información necesaria de la artista y su propósito, para que los mismos nos inviten a profundizar los aspectos más complejos de la condición humana, tanto como la posibilidad que el tiempo, los objetos y las circunstancias nos ofrezcan nuevas alternativas de cambio y transformación.
Agustín Pérez Rubio nació en Valencia en 1972. Es historiador, investigador y curador. Ha sido Director Artístico del MALBA, durante el período 2014-2018, quedando en relación permanente con el Museo. Actualmente ha curado junto a la Muestra “Travesía”, de la artista Liliana Porter, en Buenos Aires, la Muestra “Pinacoteca Migrante”, de la artista peruana residente en España, Sandra Gamarra, en la Biblioteca Nacional de España, Madrid. Su labor se caracteriza por curar exposiciones individuales de artistas femeninas y en algunos casos que las mismas sean migrantes o planteen temas conflictivos, en relación con la descolonización, las cuestiones de género o las políticas discriminatorias en todas sus dimensiones.
Para cerrar esta reseña sobre la Exposición “Travesía” de Liliana Porter, Más Mujeres agradece a la artista su compromiso personal por los diversos temas que aborda, a través de la diversidad de formatos, técnicas y con sostenidos e innovadores elementos creativos, que siempre cuentan una historia o provocan sentimientos inequívocos, los cuales la definen no sólo como artista plástica sino como filósofa y poeta.
Mirta Salafia


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