La ópera por definición es una obra dramática y musical en la que los actores se expresan mediante el canto, acompañados de una orquesta y se representa ante un público en un espacio teatral. La ópera nace en Italia a finales del siglo XVI. Forma parte de la tradición de la música clásica europea y occidental. Podemos decir que en general el gusto por la ópera, desde fines del siglo XIX a la actualidad en nuestro continente, se reduce a un público conformado por una minoría de personas, sobre todo porque es un género complejo y poco trasmitido culturalmente, a través de la enseñanza obligatoria. En si misma tiene ciertas dificultades que son parte de su constitución, sea por la extensión de cada representación, la comprensión del argumento tanto por las diferentes lenguas que se utilizan (ahora mejorado este aspecto por la traducción simultánea) y/o por la exigencia que constituye la relación entre su texto poético, el canto y la música. A su vez, la combinación de las artes escénicas, en especial la actuación, el ballet y la danza con la utilización de las artes escenográficas como la pintura, las artes plásticas, la decoración y la arquitectura, las cuales no siempre dan cuenta de representar los espacios y los tiempos de la ópera original, por lo tanto, las puestas pueden ser totalmente extemporáneas a la original. A todo este despliegue se le suman los efectos de la iluminación y otros más complejos, utilizados en la escena. No podemos dejar de mencionar la importancia, en la magnificencia de la representación como en los grados de verosimilitud, la decisión estética del maquillaje y del vestuario de los artistas.

Cuando se es espectador de una ópera se está disfrutando de toda su complejidad. Se produce una inmersión sensitiva que no es comparable con ninguna otra expresión artística. Es muy importante, comenzar a trasmitir esta tradición artística como parte de un sistema de acuerdos y sincronías que pueden formar parte de un dispositivo, a modo de ejemplo, para dar cuenta del largo camino de estudio y de la perseverante disciplina que se requiere, en este caso, para dominar cualquier expresión del arte y luego dar lugar a una convergencia integral de las mismas. Entender al proceso creativo de la ópera como un universo infinito a pesar de la escasa cantidad de sus textos y sus partituras escritas o por escribir.

Es interesante compartir información e impresiones como espectadora de ópera, en este caso, sobre Ariadna en Naxos de Richard Strauss, representada entre la última semana de julio y la primera semana de agosto de este año, en el Teatro Colón de Buenos Aires.

La idea original es de Hugo von Hofmannsthhal, en 1911, cuando trabajó en la adaptación de “El burgués Gentilhombre” de Molière. La versión revisada de 1916 es la que introdujo en el repertorio, una ópera dentro de otra ópera. Hay una ópera que funciona de prólogo de la ópera principal. Su argumento refiere a Ariadna, personaje mitológico, abandonada en la isla de Naxos, quien espera la paz eterna. Unos italianos cantan y danzan para animarla, entre ellos, una mujer, llamada Zerbinetta quien le cuenta su propia dolorosa historia de amor, en tono burlesco e impío. Si bien Ariadna se siente reconfortada por Zerbinetta, no desea regresar a la vida y al amor hasta tanto las ninfas le anuncian la llegada del dios Baco, cuya maravillosa voz y amor por ella, la saca de la cueva y le otorga una nueva vida. Cada una de estas mujeres, desde sus distintos lugares, uno real y otra mitológico, representan una alegoría del amor. Barroco, teatro, Viena, Ariadna en Naxos. La reconstrucción en perspectiva de un amable siglo XVIII está respaldada por la escritura refinada, una orquesta equilibrada en sus dimensiones y una instrumentación transparente.

No es frecuente que una ópera resuelva con excelencia todos los desafíos que enfrenta. Sin embargo, debo decir que esta vez lo ha logrado sin fisuras, tanto en la puesta, en la dirección como en la actuación de la orquesta, en las voces y en la actuación de los cantantes. Vaya mi agradecimiento y mis felicitaciones para todos y, en especial para Marcelo Lombardero, director de escena; Alejo Pérez, director musical; Diego Siliano, diseño de escenografía; Luciana Gutman, diseño de vestuario; José Luis Fiorrucio, diseño de iluminación; Carla Filipcic Holm, soprano en el papel de Ariadna; Ekaterina Lekhina, soprano en el papel de Ariadna; Ekaterina Lekhina, soprano en el papel de Zerbinetta y Gustavo López Manzitti, tenor en el papel de Baco.

Mirta Salafia