Una aproximación a su próxima muestra en el M.A.L.B.A.

-19 de febrero al 9 de agosto de 2021-

Hace unos meses atrás, pude regresar al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires para disfrutar de la exposición de Remedios Varo y encontrarme con el catálogo de una muestra que estuvo a punto de inaugurase de no haber sido por la inefable pandemia.

Estas dos artistas, Seeber y Catunda, son parte de un proyecto que el Museo inicia respecto de lo que pasa a llamarse Paralelo 1 II 3, una puesta en diálogo de dos artistas en dos salas, una en planta baja y otra en planta alta con la intención que cada una se exponga en su distinción y, a su vez, se puedan articular diferentes relaciones. Al decir de la Directora Artística del M.A.L.BA., Gabriela Rangel: “unir espacios a partir del diálogo no equivale a unificar las palabras y las cosas ni a ignorar los residuos estéticos que deja el cubo blanco; tampoco invita a suspender la aporía de las vanguardias o desviar las fricciones que las categorías historiográficas del arte modulan desde la arquitectura museal. Esta unión abarca el silencio entre pares sin ocultar los quiebres del lenguaje de este inasible siglo XXI”

Este primer diálogo es entre Alejandra Seeber (Buenos Aires, 1969) y Leda Catunda (San Pablo, 1961). La muestra se titula: Fuera de Serie, dado que se muestra una serie de obras concebidas como tal para una muestra que en definitiva, por la propuesta curatorial, rompe ese sentido original e ingresa en diálogo con otra serie de obras.

A partir del curador de la muestra, Francisco Lemus, sabemos que Leda Catunda formó parte de la llamada “generación del 80” de Brasil cuando los jóvenes artistas convergieron en las principales instituciones y galerías de arte de San Pablo y Río de Janeiro. En un contexto de ebullición política y cultural marcado por el fin de la dictadura militar, la pintura fue el medio predilecto para volcar la subjetividad sin jerarquías en la elección de los temas y los soportes utilizados. El arte pop, la artesanía, el arte múltiple y el conceptualismo subyacen en la obra de Leda Catunda.

De manera temprana, la diversidad de imágenes que integran el mundo de la artista -motivos florales, paisajes, animales, objetos cotidianos- se presenta en sus propuestas expositivas fusionando la pintura y la costura y extendiendo el plano hacia el espacio. Más tarde, la artista comenzó a realizar formas volumétricas entre las que se entrecruzan el neoconcretismo, la cultura popular y el mundo natural. Catunda proporciona una imagen en la cual la pintura es un juego que tiende a erosionar con gracia la representación, un trabajo sostenido sobre el gusto de los otros que entra y sale de manera constante, con más de una pirueta, de la cultura visual. En este punto se roza con las pinturas de Seeber.

Desde mediados de los años noventa, la obra de Seeber se fue construyendo a través de experiencias relacionadas con la pintura más allá de toda gesta solemne. Moviéndose en un registro excéntrico que prescinde de la radicalidad, la artista elige la tela para disponer sus ansiedades visuales. Las imágenes a las que llega son siempre abiertas, porque no trabaja desde esquemas cerrados. A veces son absurdas, no conducen a nada en términos de representación. Otras veces, cuando parecen estar alineadas por la moda – desprovistas de cualquier marca autoral- se afirman como un ejemplo de lo que es una imagen en construcción.

Seeber posa su mirada en los interiores domésticos y los fragmentos más triviales, pero ahí encuentra una imagen del mundo que rápidamente hace estallar la mancha, chorreaduras y partes que dispersa por todo el cuadro conectando los espacios y las geografías. En su estudio de Brooklyn, lleva a cabo minuciosos ejercicios sobre las obras en las que trabaja al mismo tiempo: pinta por capas, se cronometra, produce las manchas del Test de Rorschach, amplia el detalle y lo convierte en el punto de partida de un nuevo cuadro.

Una obsesión del mismo tenor tiene Leda Catunda. En su estudio, inmerso en un jardín frondoso, acumula un archivo de telas estampadas que podría ilustrar la historia cultural de Brasil y su geografía. Con ellas proyecta combinaciones que se desentienden del buen gusto y viste la exuberancia formal que desarrolla desde las últimas décadas. Igual que un escenógrafo que trabaja con un pincel grueso sobre la utilería, Catunda pinta sus relieves para mantener el oficio.

Seeber y Catunda son difíciles de situar en una genealogía, en parte porque han mantenido su individualidad a ultranza sin depender de los reflectores que cada época otorga.