Circe Maia (Uruguay, 1932) es una de las grandes poetas rioplatenses, profesora de filosofía y traductora (tradujo a Shakespeare, Kavafis, William Carlos Williams,  Dylan Thomas y Ezra Pound), recibió el Premio Nacional de Poesía en dos ocasiones y es miembro de la Academia Nacional de Letras de Uruguay; desafortunadamente en nuestro país pocos conocen su obra y no es sencillo conseguir sus libros.

Publicó En el tiempo (1958), Presencia diaria (1964) El puente (1970) Destrucciones (1987), Un viaje a Salto (1987), Superficies (1990), De lo visible (1998), Circe Maia: obra poética (2007, 2010 y 2015), La casa de polvo sumerio (2011), Dualidades (2014) y Las voces del agua (2020).

En Un viaje a Salto, recientemente editado por el sello español Las afueras, narra el viaje que emprendió junto a su hija, en 1972, desde Tacuarembó a Salto para ver a su marido, preso durante dos años por la dictadura uruguaya por colaborar con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.

Dueña de una memoria prodigiosa, en Un viaje a Salto cita con precisión a Franz Kafka, su microrrelato Los árboles: “Porque somos como troncos de árboles en la nieve. Aparentemente, sólo están apoyados en la superficie, y con un pequeño empellón se los desplazaría. No, es imposible, porque están firmemente unidos a la tierra. Pero atención, también esto es pura apariencia”. Aunque, paradójicamente, no recuerde dónde lo leyó, su profundo significado le permite simbolizar lo que siente, de qué manera ha sido capaz de resistir, dice, relativamente.

Integra la mirada infantil y serena de su hija a su excepcional labor literaria con notable originalidad, a sabiendas de que la memoria es también una tarea colectiva.

Se nutre de su experiencia para construir un relato breve, preciso, pero cargado de detalles e imágenes de lo cotidiano y al mismo tiempo nos permite acceder a su tristeza, a su dolor.

Su capacidad para relacionar de manera clara y natural temas complejos como el tiempo, la rutina, la realidad objetivafrente a una segunda existencia, los mecanismos de defensa ante el sufrimiento,se conjuga con un estilo filosófico cercano al diálogo consigo misma y con el lector.

Los gestos y voces que recupera adquieren una dimensión capaz de despertar en nosotros profundos sentimientos de humanidad.

 

“Sin duda la verdadera piedra de toque de lo que llamamos realidad es la posibilidad de ser integrada, de ser asimilada a nosotros. Un hecho demasiado disonante con el resto de nuestra experiencia será considerado irreal, fantástico. De ahí procedía esa inversión de la realidad-sueño, inversión que no podía durar  demasiado ni intensificarse sin que se perdiera la estabilidad mental”.

Circe Maia.