A veces confundimos París con la estampa bohemia de la margen izquierda del Sena, la conocida rive gauche. Pero, en el período de entreguerras, el escenario principal de la vida artística, literaria y mundana de la Ciudad Luz fue la otra orilla: la olvidada rive droite.

Tras el desastre de la Gran Guerra, corrían vientos de revolución en las costumbres y en las artes. Fueron los años de la emancipación de la mujer, de los bailes frenéticos y de la acción política, de la provocación surrealista y del nacimiento de la novela moderna. Los años de Henry Miller y Anïs Nin, Marcel Duchamp, Simone de Beauvoir, André Malraux, Marcel Proust, Marguerite Yourcenar, Colette, Vita Sackville – West, Coco Chanel, Sonia Delaunay, Isadora Duncan, Stefan Zweig… y de tantos otros que convirtieron la ribera derecha en el centro el mundo.

“IX Arrondissement -Place Blanche- Impúdicamente rojo, moderno y marginal, el café Cyrano ubicado en una humilde plaza de Montmartre, era muy diferente a los cafés literarios de Saint – Germain y a los bohemios de Montparnasse. Sus clientes eran músicos, bailarinas del cercano Moulin Rouge, prostitutas, actores y camellos. Allí se reunían los surrealistas, siempre cumpliendo un riguroso horario, a la hora del aperitivo, antes de volverse a encontrar por la noche muy cerca del local, en casa de André Breton. La autoridad de Bretón no necesitaba de expresiones vehementes para hacerse valer. Los novatos se quedaban impresionados por la tranquila seguridad con la que guiaba a los presentes hacia las profundidades del inconsciente y de la escritura automática. Bajo la máscara de un dandi de pelo abrillantado y delicado bigotito, Salvador Dalí ocultaba su timidez inmensa, imprevisible. Era muy difícil sacarle una palabra a Joan Miró, un artista español cuya piel oscura contrastaba con su camisa blanca. Gala, la preciosa mujer de Paul Éluard parece haberle sido infiel con Max Ernst, hermoso como un águila. Muy pronto Gala los dejaría a los dos por Dalí.”