Pintora y escritora extraordinaria, pionera del surrealismo y figura crucial del arte del último siglo, Leonora Carrington tuvo una vida siempre a contracorriente, tan surrealista como su pintura. Esta es su biografía más personal, escrita por su prima Joanna Moorhead, periodista inglesa que se enteró, ya de adulta, de que Leonora era pariente suya y la acompañó los últimos años.

“Parece que en Nueva York empezó a experimentar con otra faceta esencial de su actividad creadora: la acción artística o performance ¿Cómo, si no, se explica la anécdota recordada por Luis Buñel en la casa de un tal señor Reiss cuando de pronto Leonora se levantó, entró en el cuarto de baño y se dio una ducha vestida de pies a cabeza? Después volvió chorreando al salón, se sentó en una butaca y me miró -Usted es guapo- me dijo en español agarrándome del brazo. También está el recuerdo de André Breton que contaba que estando en un restaurante caro se quitó los zapatos y se untó los pies con mostaza” Leonora y Max dejaron de verse definitivamente en Nueva York, en el año 1942. “Leonora dejó Nueva York con el regalo de Max Ernst en la maleta “Leonora en la luz de la mañana”, el cuadro que había pintado en Saint – Martin. Su regalo a Max fue un retrato de él con la capa de plumas de pájaro y sosteniendo la lámpara con el embrión de potro, su admisión de que toda su vida estaría influida por el papel que había tenido en su formación. Después de la muerte de Leonora, ambos cuadros se han vendido. El que pintó Max se subastó en Nueva York, en 2012, por casi ocho millones de dólares; el que pintó Leonora, se vendió en Nueva York, en 2016, por cuatrocientos noventa mil.”