“He intentado emocionar a la gente con mi arte, en mis cuadros he intentado mostrar el
amor y la vida. No hay nada que pueda compararse a la alegría de un artista al pintar

Mary Cassatt

Una mujer del siglo XIX que decide ser artista, antes que esposa y madre. Es originaria de Estados Unidos y de raíces francesas. Se impone a la fuerza de un padre tradicional con poder económico, a una sociedad en ciernes entre los enfrentamientos raciales, el arrebato de las tierras sureñas y, a la larga guerra de Secesión (1861 – 1865) que culminó con la abolición de la esclavitud donde cuatro millones de esclavos fueron liberados. A esta guerra le siguieron otros doce años para que el país se integrase. En ese lapso, Mary Cassatt llega a París con el deseo de seguir formándose en las bellas artes para trabajar como artista, con ideas y decisiones feministas. Prosigue sus estudios y conoce a muchos intelectuales y artistas plásticos de la época. 

           Luego de un breve paso por su país, regresa a Europa permaneciendo en Parma, Madrid y Sevilla donde admira la obra de Rafael, Bellini, Velázquez y Goya. Regresa a París y en 1877, conoce a Edgar Degas con quien entabla por muchos años una relación de amistad e intercambio artístico. Mary, gracias a Degas, se relaciona con los impresionistas y toma una nueva dirección en su técnica compositiva y en la utilización del color. Es ella, además,  la que con el tiempo introduce en Estados Unidos la obra de los impresionistas, comprando y vendiendo a las grandes familias acomodadas. Luego, son estas familias las que aportan estas obras a los más importantes museos de arte.

           Su obra pasa por diferentes momentos pero siempre tiene como centralidad la figura femenina en contextos de su vida social. Ha utilizado en varias oportunidades a su hermana Lidia como modelo, en general en las escenas de la ópera. También ha realizado varios retratos de los integrantes de su familia y autorretratos. Una obra muy apreciada de la artista ha sido la que ha retratado a su hermano Alexander junto a su hijo Kelso, en Filadelfia, en el año 1884. 

           Ha recurrido a la vida íntima de las mujeres que le han posibilitado ingresar a ese mundo reservado de la vida materna. Son obras que resaltan la belleza del vínculo a través de un dibujo perfeccionista y una paleta de colores que se equilibran bajo el predominio de uno de ellos y en la interacción con sus complementarios y las múltiples transparencias. La sutileza en esta búsqueda da cuenta de su extrema sensibilidad y, quizás el modo de sublimar su propia declinación como madre. Entre las múltiples y las más destacadas maternidades se encuentran: “Mother and child” (1905); “Mother combing her child’s hair” (1901); “Young mother sewing” (1900); “Breakfast in bed” (1897); “A kiss for baby Anne” (1897); “Maternal caress” (1896); “Mother about to wash her sleepy child” (1880).

           Se aleja de las figuras femeninas clásicas de la pintura religiosa, pero también de la inclinación de los impresionistas por prostitutas y por las demi-mondaines (medio – mundanas), así llamadas a aquellas mujeres sostenidas por hombres de alta posición social con el poder de hacer caso omiso de las convenciones y lanzarse a la vida nocturna hedonista. Las pinturas de Cassatt reflejan madres de familia inscriptas en el antepasado de la clase media que también tenían derecho a protagonizar sus propios cuadros.

           A Mary no se le conoció ninguna pareja y ha habido especulaciones sobre su lesbianismo, sin embargo no se registran testimonios. Se la considera más bien, una mujer que sentía que los hombres eran un obstáculo. Y al decir de Paul Fisher, especialista en la Belle Époque, las mujeres, al final del siglo XIX, que querían vivir en libertad debían separarse de ellos. Muchos historiadores del arte han interpretado las escenas domésticas de los cuadros de Mary Cassatt como un modo de apoyar la vida confinada de las mujeres de su época. En realidad, dice Nancy Mowll Mattheuws, biógrafa de Cassatt, “el tema de la madre y el hijo no era un símbolo de las restricciones de la mujer, sino su papel central respecto de la inmortalidad. La decisión de Cassatt no pasó por no tener hijos, sino por colgar sus cuadros en museos junto a Botticelli y Rafael”.

           Un importante recurso en la pintura de Mary Cassatt ha sido el uso de los espejos, sea para obtener más profundidad en sus obras y mostrar aquello que se esconde, así como considerar, quizás, este objeto como un fetiche de representación de la femineidad, de las multiplicidades de perspectivas y sesgos de interpretación que conlleva la condición de ser mujer. Entre estas obras más emblemáticas se inscriben: “Reading Le Figaro” (1878); “Woman with a pearl necklace in a loge” (1879); “Miss Mary Ellison” (1880). 

           Con el tiempo comienza a trabajar por encargo y, antes de morir decía que los marchantes le habían robado la vida y ella les había vendido su alma. 

           Se compromete y actúa como una ardua participante en campañas por la igualdad de derechos académicos y por el sufragio femenino.

           Pasa muchos años enferma luchando contra la diabetes y la artritis. Para combatir la diabetes se somete a un tratamiento que consistía en inhalaciones con radium (elemento radioactivo que acababa de ser descubierto por Madame Curie), que se supone que le produjo la leucemia final y las cataratas en sus ojos, que a pesar de haber sido operada en París, entre 1915 y 1921, la deja imposibilitada, cada vez más, para ver y por lo tanto para leer, escribir y pintar. Sus cuadros, a medida que va perdiendo la visión, pasan del óleo al pastel. Sin embargo sus trabajos continuaron mostrando la calidez y la intimidad del mundo femenino de su época, sus cuadros no perdieron delicadeza y su distribución espacial siguió siendo excelente, a pesar de algunos cambios en el dibujo, de los rostros con menos detalles y de la modificación en las líneas de demarcación.

           La obra de Mary Cassatt siempre es y será símbolo de belleza.

Mirta Salafia

*Algunos datos ampliatorios de su biografía: Cassatt nació el 22 de mayo de 1844 en Allegheny City, ahora Pittsburgh, en una familia de clase media alta. Su padre, Robert Simpson Cassatt (más tarde solo Cassatt) era un éxito agente de bolsa, descendiente del francés Jacques Cossart, que había llegado a Nueva Ámsterdam en 1662.​ Su madre, Katherine Kelso Johnston, provenía de una familia de banqueros. Mary fue una de siete hijos, dos de ellos fallecidos en la infancia. Su familia se mudó constantemente, primero a Pensilvania, y luego a la zona de Filadelfia  donde comenzó sus estudios a los seis años. Cassatt creció en un ambiente acomodado en donde los viajes se consideraban como parte integral de la educación; pasó cinco años en  Europa  y visitó importantes capitales como Londres, París y Berlín. Durante sus estancias en el extranjero aprendió alemán, francés y tuvo sus primeras lecciones de dibujo y música.​ Aunque su familia se opuso a que se convirtiera en una artista profesional, Cassatt comenzó a estudiar pintura en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts a los 15 años. Parte de la preocupación de sus padres surgía de la constante exposición a ideas feministas, no comunes durante la época, y al comportamiento  bohemio  de algunos de sus compañeros varones. Impaciente con la lentitud en el aprendizaje y con la actitud condescendiente de los hombres en la Academia, decidió estudiar por su cuenta. Más tarde, aseguraría que «la enseñanza no existía» en la Academia. Las estudiantes tenían prohibido utilizar modelos vivos por lo que su formación principal se basaba, principalmente, en moldes. Cassatt decidió poner fin a sus estudios antes de obtener un título. Después de superar las objeciones de su padre, se trasladó a París en 1866, con su madre y amigos de la familia en calidad de acompañantes.​ Dado que las mujeres aún no podían asistir a la École des Beaux- Arts, Mary solicitó recibir clases particulares con maestros de la escuela y fue aceptada para estudiar con Jean- León Gérome, profesor muy respetado, conocido por su técnica realista y su tratamiento de temas exóticos. Cassatt complementa su formación artística con copias diarias en el Louvre. Hacia el final de 1866, se unió a una clase de pintura impartida por Charles Joshua Chaplin, artista de género. En 1868, estudió con el artista Thomas Couture, cuyos temas eran, en su mayoría, románticos y urbanos. En 1868, por primera vez, una de sus pinturas, «A Mandolin Player” fue aceptada por el jurado de selección para el Salón de París. Junto a Elizabeth Jane Gardner, Cassatt fue una de las primeras dos mujeres estadounidenses en exponer en el Salón. Falleció en Francia en 1926.