Petrona Viera, el hacer insondable ha sido el título de la última muestra sobre la artista plástica uruguaya, finalizada el 30 de noviembre de 2020, en el Museo de Artes Visuales de la República Oriental del Uruguay. Aquí presentamos fragmentos del Catálogo cuyos textos han sido escritos por Beatriz Argimón, Pablo da Silveira, Enrique Aguerre, María Eugenia Grau y Verónica Panella.

Petrona nace en 1895 en la ciudad de Montevideo. Dibujante, pintora y grabadora. Su desarrollo artístico estuvo particularmente ligado a quienes fueron sus maestros: Vicente Puig, Guillermo Laborde, Guillermo Rodríguez quienes asistieron a su casa, a lo largo de su vida para formarla en las disciplinas artísticas.

Su vida atravesó uno de los períodos fundacionales de la imagen progresista del Uruguay, que en las primeras décadas del siglo XX protagonizó un verdadero laboratorio de profundos cambios políticos, sociales, económicos y culturales. La riqueza democrática del Uruguay surge precisamente porque no emergió como fruto hegemónico de un hombre o de un solo partido, sino que expresó la profusión de una urdimbre de pactos y negociaciones con otros protagonistas: las organizaciones empresariales, las izquierdas emergentes, los sindicatos, entre otros.

Petrona había quedado irremediablemente sorda desde su primera infancia. Aquejada de una enfermedad algo indeterminada, según relatos familiares fue meningitis, su sordera no le permitió el desarrollo del habla, con lo que se marcaron sus problemas de comunicación en medios externos a su casa. Esta circunstancia determinó una vida que discurrió básicamente en el ámbito familiar, nutrido de niños, amigos, vecinos, personal de servicio. Sus salidas casi siempre acompañada de su hermana Lucha, una presencia cercana y decisiva a lo largo de su vida y de su desarrollo artístico. Uno de los primeros retratos realizados por Petrona es precisamente de Lucha, su hermana Luisa Viera, testimonio tanto de su afecto como emblema de la estética femenina de los años veinte.

Petrona asumió la modalidad pictórica llamada planismo, con sus grandes planos y colores vibrantes. El planismo se extiende como modalidad pictórica por varios factores, sobre la base de una sensibilidad común, en especial la vinculación con la idea de un país moderno en consonancia con nuevas estéticas que lo representaran. A su vez a nuevas sensibilidades frente al paisaje local donde pintores y escritores compartían una mirada hacia lo nativo redescubierto. Uno de los Centros de difusión de esta nueva mirada la configura el Círculo de Bellas Artes, institución fundada en 1905. Entre sus principales cometidos estaba la implementación de la Ley de Becas, mediante la cual se posibilitaba a los egresados contactar en forma directa con los centros artísticos europeos.

El planismo fue incorporado por un amplio espectro del mundo artístico uruguayo, como es el caso de Petrona Viera, Bazzurro y su maestro Laborde. En 1927, en ocasión de la muestra que la Asociación Teseo realiza en Buenos Aires, los medio críticos se refieren al conjunto expuesto como Escuela de Montevideo, denominación que no prosperó; no obstante, está advirtiendo una modalidad plástica emocional común, un cierto aire de familia. Según Gabriel Peluffo, esta formulación simbólica de la realidad se permitía desdibujar los conflictos y diferencias internas que surgían en la sociedad, al tiempo que rechazaba todo lo tortuoso, lo depresivo, lo trágico, en el plano de la producción artística. Resulta coincidente con el universo plástico de Petrona. Ellos son sus temas y los temas más recurrentes que despuntan en los años veinte y pueden reseñarse en retratos, tareas cotidianas, la infancia, los juegos.

Nuevas decisiones aparecen hacia los años treinta con la serie de desnudos, los paisajes y los cuerpos femeninos insertos en él, despuntan y se consolidan hasta llegar a las naturalezas muertas, en sus últimos años.

En general, Petrona Viera elige reverenciar un entorno sereno, estático, pese a que todas las figuras están en actividad. Parece ralentizar el tiempo, sacralizar los instantes, detener la escena, ordenar la dinámica desordenada de la vida. En los dibujos, bocetos y grabados se permite más libertades de movimiento y expresión que en sus óleos. Mediante el contraste blanco y negro xilográfico emerge con nueva técnica una nueva mirada.

A partir de los últimos años de la década del 30, busca estímulos en el exterior agreste y el resultado es magistral. Esta temática expande además las fronteras vitales y la aleja del taller y de los espacios familiares. Atlántida, Malvín, Punta del Este, la Barra de Santa Lucía, Costa Azul son destinos en los que Petrona se entrega a los elementos pintando y registrando en los mínimos reversos sensoriales, las bellas síntesis del sol, la lluvia, la calma y la desmesura de la naturaleza.

Los quiebres que supusieron las vanguardias artísticas, en especial las enmarcadas en las primeras décadas del siglo XX, actuaron como brechas atravesadas por numerosos contingentes de hombres, pero también de mujeres que definieron búsquedas estético – formales a la par de sus colegas varones.

Petrona Viera muere el 4 de octubre de 1960.