“Ningún hombre en el mundo puede saber lo que significa para una mujer
ser tomada por un hombre que ella no desea.
La mujer penetrada sin deseo está en el crimen.
El peso cadavérico de goce viril encima de su cuerpo tiene el peso del crimen
que ella no tiene la fuerza de devolver: el de la locura”

*La Infancia

Nace en Gia Dinb, a pocos kilómetros de Saigón y después de incontables mudanzas con su familia, vive hasta los dieciocho años en Vietnam, entonces colonia francesa.

Marguerite Duras dice “A veces creo que toda mi escritura nace de ahí, de los arrozales, las selvas, la soledad. De esa niña flaca y despistada que era, pequeña blanca de paso, más vietnamita que francesa, siempre descalza, sin horarios, sin modales, habituada a contemplar el largo crepúsculo sobre el río, la cara quemada por el sol. (…) Durante años yo reprimí gran parte de esa vida. Después, de pronto, con violencia las cosas vividas en la inconsciencia de mis primeros doce años, volvieron de visita. Recuperé intactos la miseria, el miedo, la sombra de la selva, el Ganges, el Mekong, los tigres y los leprosos que me aterrorizaban apilados en el borde del camino buscando agua (…)

La única imagen de Europa pasaba a través de los relatos de mi madre. Cuando llegué, no me fue fácil tomar los modales y el tono occidentales. De pronto me vi obligada a ponerme zapatos y a comer carne…”

*Mi Madre

«Mi madre había obtenido del gobierno general, en calidad de viuda de funcionario y en calidad de funcionaria (daba clases en Indochina desde 1903), una concesión de arrozales, situada en alta Camboya. Tras innumerables trámites, obtuvo una enorme concesión de 850 hectáreas de tierras y selva. Mi madre contrató a unos 150 criados que fue preciso trasladar desde Conchinchina e instalar una –aldea- que hubo que construir enteramente en pleno pantano, a dos kilómetros del mar. Mi madre llevaba esperando aquel momento, toda su vida. Además de la aldea, construimos una casa sobre pilotes al lado de la pista que bordeaba nuestra plantación.
Las 850 hectáreas de tierras concedidas por el gobierno general eran tierras salobres e inundadas por el mar durante parte del año. Toda la cosecha se quemó, antes de recogerla, en una noche de marea, salvo algunas hectáreas alrededor de la casa que estaban lejos del mar. En cuanto bajó la marea, 200 hectáreas quemadas por la sal.

Mi madre había decidido pedir prestados 300.000 francos para construir diques que pusieran definitivamente nuestros arrozales al abrigo de los maremotos.”

*El Dolor

«Viví el dolor como un estado en cierto modo inherente al ser femenino. Como todas las mujeres me enojé, me fatigué junto a los hombres que me querían cerca de ellos para reposar de su trabajo o para dejarme en la casa. Y es ahí, en la casa, en la cocina, a menudo, donde escribí. Solo entonces podía pensar, o no pensar, lo que es lo mismo (…) la facultad de afrontar hasta el fin la experiencia del dolor sin dejarse aniquilar (…) Un hombre no podía  saber nunca lo que significa poner a merced de otro su cuerpo hasta el agotamiento de su cuerpo. Con la conciencia de la violencia que tiene en sí todo parto, por el dolor mismo de saber desde ya lo que será el dolor del ser que ponemos en el mundo”

*A una Madre
“Creo haber amado a mi madre más que a nada, y eso se deshizo de pronto. Pienso que fue cuando tuve a mi hijo. O también cuando se estrenó la película filmada a partir de Un Dique contra el Pacífico. Entonces no quería verme. Al fin me dejó volver a entrar a su casa, diciéndome: deberías haber esperado a que me muriera. No comprendí, creyendo que se trataba de un capricho, pero no era así en absoluto. En lo que nosotros creemos su gloria, ella no veía más que su fracaso. Fue una ruptura y yo no hice más esfuerzos por volver a ella, porque, a partir de ese hecho, no veía ningún entendimiento posible. Después siguieron otras discordias”

*Hablando de Proust

“Uno tiene siempre la impresión de poder continuar, de poder completar el relato prousiano con el relato propio. Quiero decir que sus novelas son abiertas; en sus novelas, las puertas están abiertas. Uno puede entrar a ellas y eso es lo que entiendo por futurismo: el futuro es el lector actual de Proust, el que lo está descubriendo. Borges decía que Shakespeare no existía, que Skakespeare era el lector de Hamlet en el transcurso de la lectura, en el momento en que leía Hamlet. Shakespeare soy yo cuando leo Hamlet. Y bien, yo creo que esta ocurrencia soberbia se aplica admirablemente a Proust. Proust soy yo cuando leo A la sombra de las muchachas en flor. En este sentido podríamos decir que, cuando leemos a Proust, lo escribimos, tenemos el sentimiento de la escritura. Uno participa, en suma, del mundo de Proust y de su creación. Uno entra en su universo por esas puertas que él ha dejado abiertas”

*No es sin que

“Sin la infancia, la adolescencia, la historia desesperada de mi familia, la guerra, la Ocupación, los campos de concentración, mi vida, creo no sería gran cosa. Trabajando como secretaria de F. Mitterand, entonces Ministro de los Ex Combatientes, conocí crímenes atroces de Hitler, Auswitch y el exterminio de 7 millones de judíos. Yo tenía 30 años y me pareció como si solo entonces despertara de mi largo sueño”

*Selección de los fragmentos y subtitulados a cargo de Mirta Salafia. Obras Escogidas: “Cuadernos de la guerra y otros relatos”; “La pasión suspendida”; “El último de los oficios”.

“Cuadernos de la Guerra”
Marguerite Duras

“Una obra sin restos: nada de lo que escribió Marguerite Duras se ha dejado en el abandono. Personajes, lugares y motivos circulan de un texto a otro y se hacen eco: los fragmentos abandonados de un manuscrito reaparecen en el siguiente, integrados en una nueva composición (…) Los Manuscritos de cada una de las obras, por diferentes que sean en su aspecto, no parecen, como a menudo se podría creer, una acumulación de piezas dispersas, sino un conjunto en el que todo está relacionado, que da la impresión de haberse escrito de un tirón.

En la riqueza de estos archivos destacan desde un primer momento los Cuadernos de la Guerra. Estos cuatro cuadernitos (forman parte de las obras más antiguas) estaban guardados en un sobre en el que la propia Marguerite Duras los había reunido bajo esa denominación que hemos decidido mantener como título. Constituyen de hecho, un conjunto homogéneo: la unidad material establecida por Marguerite Duras se explica por su coherencia tanto cronológica como temática, ya que fueron redactados durante la guerra y  justo después de ella, entre 1943 y 1949, y en diversas proporciones todos evocan esta época crucial en la vida de la escritora (…)

Los cuadernos son documentos esenciales para esclarecer este período bisagra que ve a Marguerite Donnadieu convertirse en Marguerite Duras. Numerosos relatos aquí publicados se refieren, en efecto, a acontecimientos centrales y muy verosilmente fundacionales de su existencia (la muerte de su primer hijo, la de su hermano, sus actividades en la Resistencia, la deportación y el regreso de Robert Antelme, el nacimiento de su  hijo Jean…) y en ellos se ve desdibujarse las figuras primordiales de su obra (su madre, sus hermanos, su primer amante). Se comprende fácilmente que estos textos ocupen, a sus propios ojos, un lugar único y capital.

Primer Cuaderno
Cuaderno Rosa Marmolado, es el más extenso de los cuatro. Este cuaderno con cubierta de cartón grueso contiene 123 hojas, quince de las cuales están llenas de dibujos infantiles (probablemente añadidos más tarde por el hijo  de Marguerite Duras, Jean Mascolo nacido el 30 de junio de 1947) 

Segundo Cuaderno
Cuaderno “Presses du XX° siècle”. De las 44 páginas de este cuadernito rayado y con cubierta de papel grueso color azul grisáceo, las 12 primeras están dedicadas a la redacción de la única novela inconclusa de Marguerite Duras “Theodora”

Tercer Cuaderno

Llamado Cuaderno de las 100 páginas. Es un cuaderno escolar rayado de portada azul. Solo 32 páginas están escritas y enumeradas por Marguerite Duras.

Cuarto Cuaderno

Cuaderno beige que tiene una cubierta reforzada y entelada con 92 hojas escritas, algunas de las cuales están parcial o enteramente llenas de dibujos infantiles. La gran mayoría de las hojas están desprendidas del cuaderno y un número difícilmente identificables de ellas se han perdido.
Fragmento del Prólogo escrito por Sophie Bogaert y Oliver Copert del libro “Cuadernos de la Guerra y otros textos”. Traducción María Condor. Ediciones Siruela. Madrid. 2008.